
¿Será que cada vez que lo veo, tan sólo me emociono porque se parece tanto a ti? Que difícil contestar, pero cada vez que lo veo tú vienes a mi mente, mi corazón se acelera respondiendo a los impulsos de mi cerebro, algo llamado hipotálamo causa esto en mi, no, no es el hipotálamo, eres tú.
Al pasar cerca de él siento como si tu aroma me inundara, como si tus dulces labios, fueran los del, como si tus manos grandes una vez más pudieran tocar las mías, como si su blanca piel, tomara el tostado de la tuya, como si su mediana estatura, aumentara dándote paso a ti, como si sus insignificantes ojos se transformaran en los vuestros, tan profundos, tan magníficos, tan hermosos, tan tuyos.
Si supieras cuanto te extraño, cuanto me haces falta, cometí un error y fue ilusionarme, pero esta vez parecía tan real, tú, por primera vez algo era real en mi intrascendente vida, algo con esta connotación era auténtico, no eran cartas sin respuestas o simples sueños, simples seres imaginarios, eras tú, hombre, niño, ohh… mi dulce joven de miel, mi proveedor de felicidad, de alegrías, encantos, mi fuente de vida, porque sin ti, sólo existo, los humanos necesitamos sentir que alguien que no nos conoce del todo, nos quiere, nos ama, que nos haga vivir la emoción al máximo de un amor que pareciera mágico, como aquellos cuentos antes de dormir, quizá sabemos que no nos crecerá el cabello para hacer entrar al príncipe por la ventana, pero… ¿entonces porque pensamos que realmente llegará? Si tenemos conciencia que desde ese pequeño detalle del cabello, la historia o mejor dicho cuento es falso. No lo sé, como siempre solía responder antes tus reiterativas preguntas del día a día, cuando sonaba el teléfono y me alteraba, no sé si notabas como parecía que hubiera corrido mucho, no había corrido, era la adrenalina de saber o creer que eras tú quien deseaba escuchar mi voz.
Al pasar cerca de él siento como si tu aroma me inundara, como si tus dulces labios, fueran los del, como si tus manos grandes una vez más pudieran tocar las mías, como si su blanca piel, tomara el tostado de la tuya, como si su mediana estatura, aumentara dándote paso a ti, como si sus insignificantes ojos se transformaran en los vuestros, tan profundos, tan magníficos, tan hermosos, tan tuyos.
Si supieras cuanto te extraño, cuanto me haces falta, cometí un error y fue ilusionarme, pero esta vez parecía tan real, tú, por primera vez algo era real en mi intrascendente vida, algo con esta connotación era auténtico, no eran cartas sin respuestas o simples sueños, simples seres imaginarios, eras tú, hombre, niño, ohh… mi dulce joven de miel, mi proveedor de felicidad, de alegrías, encantos, mi fuente de vida, porque sin ti, sólo existo, los humanos necesitamos sentir que alguien que no nos conoce del todo, nos quiere, nos ama, que nos haga vivir la emoción al máximo de un amor que pareciera mágico, como aquellos cuentos antes de dormir, quizá sabemos que no nos crecerá el cabello para hacer entrar al príncipe por la ventana, pero… ¿entonces porque pensamos que realmente llegará? Si tenemos conciencia que desde ese pequeño detalle del cabello, la historia o mejor dicho cuento es falso. No lo sé, como siempre solía responder antes tus reiterativas preguntas del día a día, cuando sonaba el teléfono y me alteraba, no sé si notabas como parecía que hubiera corrido mucho, no había corrido, era la adrenalina de saber o creer que eras tú quien deseaba escuchar mi voz.

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