sábado, 12 de abril de 2008

hojas


Miré los rostros de quienes estaban a mí alrededor, suelo hacerlo, es entretenido, bastante a decir verdad, hay algo que me gusta demasiado de hacer esto, por ejemplo cuando tengo mucha pena, cuando siento que no puedo estar peor, que la vida no tiene sentido, que no dejaré de caer, entonces levanto el rostro empapado de lágrimas y miro a mi alrededor, mientras la música que ponen de ambientación en el vagón hace que todo sea aún más increíble, a veces los rostros parecen casi iguales, tristes, aburridos, fríos, agobiados, llenos de nada, simplemente nada, entonces las preguntas vienen de forma inmediata, ¿qué pasará por sus cabezas? Parecen intocables, crueles, como si nunca sintieran nada, como si la vida los hubiera golpeado fuertemente, creo que es así, la vida, los golpeo, pero los hizo fuertes, los unió, los hizo parecidos, para que así nadie pudiera hacerles daño, dejaron de ser niños, pequeñas aves frágiles, una hoja que cae del árbol y luego cruje, llora, se retuerce de dolor, de pena, de soledad, esas que son pisoteadas por zapatos inconscientes, o es llevada por el viento, son los pocos sobrevivientes del viento y el otoño, son quienes con el paso del tiempo permanecieron firmes a sus ramas, a pesar de la lluvia de problemas, angustias, a pesar de que sus pares cayeron, a pesar de que las demás hojas ya no existen, vieron como descendieron y fueron asesinadas por su propio cuerpo de cristal, tan liviano, porque su mente, cuerpo, alma y la sociedad los traiciono, los dejo caer, lo hizo caer al suelo, o ellos mismos en un acto suicida se dejaron llevar por el viento, soltaron sus pequeños brazos y miraron con terror y a la vez esperanza lo que estaba más debajo de lo que sus ojos lograban ver.
Y es que pareciera que la vida, no es lo que su significado dice, sino algo más complejo, algo que con el tiempo o precisamente en cierta edad no es placentero, más no conozco lo que esos rostros expresan realmente, quizá hasta esa es una forma extraña de sonreír, porque como dicen “no existen mujeres feas, sino una extraña belleza” eso son para mi esos rostros devastados, belleza, una hermosura que deseo alcanzar y cuando ese momento llegué no dudaré en sonreír para aquellos que como yo, dudan de si la vida también me ha sonreído, me golpeó más sigo de pie, firme, valientemente luchando contra aquellos fuertes vientos sin compasión, contra aquellas palabras, que caen como gotas de aquella tormenta, contra esos improperios que mi árbol tuvo que soportar, contra esos seres que quisieron arrancarme, más no pudieron, sé que tarde o temprano caeré, pero cuando ese día llegué sonreiré, porque mi ciclo estará completo, abre sufrido bien, abre llorado, abre mirado con desesperanza esta vida, habré querido espacar, mas me mantuve, a pesar de todo agarrado de mi árbol, para soportar lo que la vida me de, no me canso de pedirle que traiga más tristezas y también alegrías, porque como sea las gozaré igual, al final de mi viaje estaré pleno, viejo, sabio, lleno de experiencias que me fortalecieron, estaré orgulloso de lanzarme al vació, de despedirme de todo esto, estaré sonriéndole a la muerte, porque habré cumplido los designios del tiempo, habré logrado mis sueños, habré vivido todo.




Esto lo escribí hace poco, no revise, así que perdón por una mediamente mala redacción, no tengo ánimos para escribir algo más elaborado, las palabras nacen solas y mis dedos incontrolables se mueven como un desquiciado en el delirio más intenso.