
la sangre corría entre sus piernas, desesperadamente gritaba por auxilio, pero nadie escuchaba el callejón del olvido, nadie se atrevía a cruzar la línea entre la oscuridad y la luz, frenesí constante, descontrol natural ante tal evento desafortunado, olvidada por la gente, día a día gritaba rogando por el mismo favor y fue con el tiempo que se fueron apagando las luces de su vida, se fueron agotando las ganas de luchar por sobrevivir, se preguntó cuándo fue que Dios decidió hacerla pagar de esta manera por sus pecados, en qué momento dejó de creer en su divinidad, el cielo ya no escuchaba, es qué acaso el destino estaba escrito y contenía este final, nacería un bebé, el nuevo lamentador y destructor del universo, unido aún por el cordón, quien se alimentaba de sus pocas fuerzas, siendo un parasito, brindando muerte a su creadora.

