sábado, 11 de diciembre de 2010

Cordero

El proposito era dañar, pero de alguna u otra forma dañó al medio.

Y es que desde el principio nunca pudé confiar en tus emociones, ni siquiera en tus palabras, tampoco en tus besos...

En el principio de aquella historia engañada por una imagen, impresiones que simplemente terminan revelando la detestada realidad, pero siempre cubierta, por un vidrio invisible que aunque a veces parecía romperse, me protegió de haber sentido.

Incluso en ese momento no sentía, no había una conexión, no quería sentirte, no podía sentirte, Qué vacío!

y lo que alguna vez parecía entretenido, se convirtió en desagradable e incluso insoportable.

en cuando decidí bajarme del juego y seguir la vida tal y como estaba antes de Todo esto.

Qué excelente elección.

Me enamoré, estaba enamorada, pero no de tus palabras, ni de tus caricias, estaba enamorada de las palabras de un animal, enamorada perdidamente de como me llamaba desde el desierto, desolado, triste, rogando por mí, entonces lo comprendí entre tus brazos indeseables, la imaginación de los suyos, entre tus besos amargos, el dulzor de los suyos, comprendí que no había vuelta atrás y que debía estar a su lado por la eternidad pastoreando nuevas tierras.

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