viernes, 26 de marzo de 2010


Una pared de vidrio nos separa de la realidad, tú víctima de un mundo superfluo, yo víctima de lo que siento por ti.
Tu sonrisa, mi imaginación, él, el completo desconocido que humedecía sus labios, que hacía que despegará los pies de la tierra, que te viera allí, siendo él.

La sangre que corre por mis venas, hierve al pensarte, pequeño niño, gran hombre. Aquella declaración silvestre de independencia te piensa, te imagina, te dibuja, mis dedos temblorosos te desean, mi lengua sumergida en espuma te anhela, con movimientos inconexos, desenfrenadamente sale y busca la tuya, mi cuerpo busca el sofocante calor que generas, mis sentidos…
Fuera de este mundo, somos dos y cientos de miles, somos uno, somos todo y a la vez somos nada.
Sumergida en tu aroma, sumergida en ti, mar engañoso, oscuro y desafiante, tú, enorme, confuso y maravilloso, ahógame, trágame, perderme en tus corrientes es lo que quiero, hazme tocar fondo, ocúltame, enséñame los rincones negros de tu vida, enséñame las especies no conocidas…
Pez rodéame, transfórmate en miles y tócame húmedo, viscoso y agobiado, introdúcete en mi, vive en mis entrañas, en mis fluidos.
Sé flor marchita y permíteme revivir tu belleza, déjame mojar tu raíz con mi saliva, viajar por tu tallo, florecer en ti una y otra vez.

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