
Fue entonces cuando Alejandra hizo su gran confesión, mientras le temblaban las manos, mientras le temblaba el alma.
Intento calmarse con el cigarro entre sus dedos, así podría hacer más amena la conversación, la verdad se acercaba, la tenía en la punta de la lengua, así dijo:- Estoy cometiendo el mismo crimen que tú, no entiendo porque no puedo detenerme, pero esto de tener atención en exceso es increíblemente adictivo, lamento hacerlo sufrir así, lamento usarlo de esta manera, pero lo hago de todas formas, creo que soy una pequeña perra maldita! sé como terminará, sé que tú serás el definitivo, que perdonarás mis errores como yo lo hice contigo, pero ¿me perdonaré yo? no dejo de pensar por las noche en que decisión tomar.
...
después de todo somos parecidos, somos unos pequeños bastardos que juegan con la gente.
Y él sólo estaba en silencio.

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